Leon Joannis | Dinero de silicio | Hace 255 días

Agosto 25 de 1991, en esa fecha Linus Torvalds anunció en un grupo de noticias que había creado un nuevo proyecto al que describió como “un sistema operativo libre” que se parecía a Minix que a su vez se basaba en Unix, e invitaba a las personas a probarlo y darle retroalimentación. En este entonces nadie, ni el mismo Torvalds, hubiera imaginado la revolución en que se convertiría Linux 20 años después.

Torvalds no tenía ninguna expectativa para su proyecto, que había iniciado más como un “hobby” que como desarrollo orientado a empresas. Sin embargo, desde su aparición Linux ha venido ganando adeptos, usuarios, promotores y hasta fanáticos. Hoy 20 años después, el sistema operativo es tal vez la plataforma más robusta, eficiente y segura para correr aplicaciones empresariales, y con sus variantes, se ha apoderado del terreno del cómputo móvil.

Linux se encuentra en cualquier tipo de dispositivo electrónico. Desde aparatos domésticos de consumo hasta los más complejos servidores y servicios de nube. Los más reconocidos sitios de comercio electrónico, redes sociales, servicios de hospedaje web, servidores de mensajería instantánea y correo electrónico público basan su plataforma en Linux.

El único espacio en donde Linux ha fracasado rotundamente es en el escritorio del usuario. La plataforma no ha llegado a ser tan amigable y auto configurable como para captar a usuarios individuales. Y su principal obstáculo, no existe una suite de oficina capaz de reemplazar a Microsoft Office, que para muchos analistas es una de las principales razones por las que Windows sigue siendo la plataforma más utilizada en el mundo. Sin embargo, la evolución continúa encabezada por Ubuntu y Chrome OS.

En nuestro país, la utilización de software libre y de código abierto corriendo sobre plataformas Linux es una tendencia que ha venido avanzando con cierta lentitud. Ha resultado particularmente difícil para las organizaciones romper la inercia del software propietario cerrado para correr sus aplicaciones de empresa. Sin embargo, la llegada de nuevos profesionistas que se han formado en las nuevas tendencias poco a poco está influyendo para que las empresas volteen hacia soluciones de este tipo.

Aún falta camino por evangelizar, se requiere que nuestras universidades desarrollen más programas orientados a crear profesionistas capaces de ayudar a las organizaciones Mexicanas a descubrir los beneficios que trae consigo la utilización de Linux y aplicaciones de software libre. Una felicitación por cierto a la Universidad Autónoma de Chihuahua, que ha puesto a México en el mapa al crear la primera Maestría en Software Libre en América Latina, siguiendo casos de éxito de países como España cuyo compromiso con Linux ha generado grandes beneficios tanto a gobierno como empresas privadas.

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